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Una Visión de Abundancia

Actualizado: 25 jul 2021

«Vienen días», declara el Señor,

«Cuando el arador alcanzará al segador,

Y el que pisa la uva al que siembra la semilla;

Cuando destilarán vino dulce los montes,

Y todas las colinas se derretirán.

(Amós 9:13)


En la esfera agrícola todo es un proceso. El agricultor conoce cuál es la mejor temporada para sembrar cada semilla, y cuál el momento óptimo para recoger la cosecha. El sabe que entre ambos hay un tiempo de espera que no puede ser evadido, pues la madurez y el crecimiento llevan tiempo, y cada etapa del proceso es necesaria, diferente, y requiere paciencia.

Esta es una ley natural que se refleja también en el mundo espiritual. Aún nuestro Señor Jesús se refirió varias veces a los procesos agrícolas para enseñar profundas verdades espirituales relacionadas al reino de Dios. Él dijo:

El reino de Dios es como un hombre que siembra un terreno. Y la semilla nace y crece sin que él se dé cuenta, ya sea que él esté dormido o despierto, sea de día o de noche. Así, la tierra da fruto por sí misma. Primero brota el tallo, luego se forman las espigas de trigo hasta que por fin estas se llenan de granos. Y cuando el grano está maduro, lo cosechan pues su tiempo ha llegado (Marcos 4:26-29).


Cuando la semilla de la Palabra de Dios cae en buena tierra, el resultado que produce es nueva vida en el Espíritu (Mateo 13:8). El misterio de la semilla es semejante al del nuevo nacimiento: De la misma manera que oyes el viento pero no sabes de dónde viene ni adónde va, tampoco puedes explicar cómo las personas nacen del Espíritu (Juan 3:8 NTV). Una vez que ha brotado la pequeña planta, comienza una etapa de crecimiento en la que el fruto aún no está presente. Esta etapa de aparente improductividad da paso a la formación de las espigas, que luego albergarán el grano, aguardando el tiempo preciso de la cosecha.


En Amós 9:13, sin embargo, el orden natural parece alterarse. ¿Cómo es posible que el que prepara la tierra alcance al que recoge la cosecha? ¿Y cómo coincidirán el que siembra la semilla y el que pisa la uva para hacer el vino? El contexto bíblico sugiere dos posibles explicaciones, o la combinación de ambas.


La primera posibilidad se trata de una gran productividad. Esta imagen de abundancia se describe hacia el final del verso con dos figuras literarias: los montes que destilan vino dulce, y las colinas que se derriten. Si la cosecha es lo suficientemente abundante, el fruto quedará en el campo por más tiempo a la espera de los recolectores; sin embargo, se corre el riesgo de que esta se pierda, a menos que el segundo factor entre en juego. Este segundo factor/ posibilidad es al que llamaremos una aceleración sobrenatural de los tiempos.


En el siglo XXI todos los procesos han sido acortados de manera artificial por la intervención del hombre. A menor tiempo de producción, mayor productividad, y mayor eficiencia. Es increíble que el profeta Amós, que vivió más de 700 años antes de Cristo, pudiera predecir con tal exactitud una de las características más sobresalientes de nuestro tiempo: la aceleración. Aún más increíble es que Dios haya planeado acelerar el cumplimiento de los acontecimientos proféticos y el establecimiento de su reino en este tiempo y por medio de su intervención sobrenatural en esta generación.


Conozco de muchos líderes, pastores y conferencistas cristianos que hablan con decepción y preocupación sobre esta generación, que es una juventud perdida, irreverente y distraída. No puedo negar que hay algo de cierto en estas palabras, pero eso no es todo! Esta generación irreverente, distraída y tecnológicamente preparada, está destinada para cosas grandes. Esta generación verá el poder de Dios manifestarse de una manera extraordinaria y sin precedente en los últimos 2000 años de historia de la humanidad. Si bien la oscuridad arrecia, el enemigo ruge con mayor furia, y los retos que esperan en lo adelante parecen mucho más intimidantes, de la misma forma en que aumenta la maldad en nuestro mundo, la gracia de Dios sobreabunda.


El Espíritu de Dios está moviéndose sobre esta generación, esperando el momento preciso para caer sobre ella y causar un impacto radical y definitivo. Cuando eso suceda, ellos no se volverán a la religiosidad vacía, ni harán caso de tradiciones de hombres como las generaciones anteriores. Ellos no se conformarán con las glorias y reliquias del pasado, sino que volverán a creer y a predicar el evangelio de las señales, y causarán una revolución tan grande como la que causaron los primeros discípulos en su momento. Ellos sacudirán los cimientos de la religión organizada, tal y como la conocemos hoy, y sacarán al remanente santo fuera de las cuatro paredes de la iglesia, para exhibirlo ante los ojos del mundo.


Estimado lector/ oyente, te aseguro que ya ha comenzado. Dios está llamando y comisionando gente de todo tipo, gente común y corriente, gente imperfecta y poco convencional, aún gente con un pasado dudoso y un futuro poco prometedor, para que sean vasijas de Su gloria; una generación seca y sedienta, desesperada por Su presencia, como dijo el profeta Isaías: Porque derramaré agua sobre la tierra sedienta, y torrentes sobre la tierra seca. Derramaré Mi Espíritu sobre tu posteridad, y Mi bendición sobre tus descendientes (44:3). A estos Dios entregará la gran aceleración de los últimos días, una producción inusual, de maduración rápida, justo antes de que llegue el momento de la final cosecha.


Sé que las noticias no son alentadoras, pero llénate de expectativa por la agenda de Dios. Se vienen tiempos difíciles, tiempos de persecución y de oscuridad, pero a la vez cargados de gloria. ¿Estarás tú entre los sedientos? ¿Formarás tú las filas del ejército de Dios? ¿Manifestarás Su Reino por la presencia y el poder del Espíritu Santo obrando en ti, y a través de ti en otras personas? ¿Podrás predicar tú el Evangelio de Cristo a la manera de Pablo, quien dijo:


1 Corintios 2:4-5

Ni mi mensaje ni mi predicación fueron con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de poder, para que la fe de ustedes no descanse en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios.

Por mucho tiempo hemos interpretado que el poder de Dios es sólo para unos pocos privilegiados, pero fíjate en lo que dijo el profeta Joel sobre los últimos tiempos: También sobre los siervos y sobre las siervas derramaré mi Espíritu en aquellos días (Joel 2:29). ¿Eres tú un siervo en la casa de Dios? ¿Una persona sencilla, sin grandes habilidades y talentos naturales? Esta promesa es para ti! Tú puedes moverte en el poder del Espíritu de Dios! Y créeme que, él hace toda la diferencia.


¿Has creído (y obedecido) el evangelio de la gracia de Dios? Jesús dijo: Estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas; tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán (Marcos 16:17-18).


Termino con esta pregunta: ¿Estás listo para manifestar el Reino de Dios en esta Tierra durante la gran aceleración de los últimos tiempos?

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