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El Gran Yom Kippur y el Juicio del Remanente

Actualizado: 11 oct 2023

Yom Kippur, el Gran Día de la Expiación, se considera la fecha más sagrada del Calendario Hebreo hasta hoy, pues era el único día del año en el que el Sumo Sacerdote podía entrar más allá del velo que separaba el Lugar Santo del Lugar Santísimo, llevando consigo la sangre de un animal ritualmente puro para hacer expiación por sí mismo y por los pecados de todo el pueblo. Desde una perspectiva profética y escatológica, Yom Kippur es la fiesta bíblica que nos habla de la Segunda Venida del Mesías, la plena Restauración de Israel y el Día del Juicio ó de la Ira de Dios. Dicho de otra manera, cuanto mejor conozcamos los detalles alrededor de este Gran Día, tanto más preparados estaremos para discernir e interpretar correctamente las Sagradas Escrituras con relación a los últimos tiempos.


Si escuchaste nuestro último estudio, probablemente recordarás cuando dijimos que el Gran Día de la Expiación puede ser entendido en un contexto legal ó judicial, porque es el día en el que la Corte Celestial y el Supremo Juez del Universo desatarán un veredicto final sobre cada individio y especialmente sobre la nación de Israel. En la antigua tradición rabínica se entendía que este era el día en el que el destino de cada persona quedaba finalmente sellado para el año entrante, ya que su nombre podía o no quedar escrito en el Libro de la Vida. También este es el Día, proféticamente hablando, en el que se peleará la Batalla Final, la gran batalla de Armagedón en el Valle de la Decisión.


Una de las cosas que dijimos en el estudio anterior es que en este Día, los malvados serán aplastados como las uvas en la vendimia, pero los 'justos' (entre comillas) serán trillados como el trigo, para separar de ellos la paja (entiéndase, el pecado y todas las impurezas). Hay un paralelo muy interesante con la tradición en este punto, porque tradicionalmente se entendía que los realmente justos eran sellados en el Libro de la Vida desde Yom Teruah (la Fiesta de las Trompetas) pero luego Dios otorgaba los Diez Días Terribles hasta Yom Kippur para dar oportunidad a la gran mayoría del pueblo de arrepentirse y cambiar su veredicto, el cual como ya sabemos, quedaba definitivamente establecido al final del Gran Día de la Expiación.

Siguiendo esta misma linea de interpretación, creemos que los justos, representados simbólicamente en los 144,000 sellados, la Primicia y la Cosecha del Olivo, serán resguardados del juicio divino, pero ellos no serán los únicos salvos. Hasta el final del Gran Día de Yom Kippur habrá oportunidad de salvación, y esta se convertirá en la Gran Cosecha de los últimos tiempos (El Día de Jezreel). Sé que hay muchos teólogos que enseñan exactamente lo contrario. Ellos piensan que después del Rapto ya no habrá Espíritu Santo en la Tierra y que la situación se pondrá tan tensa que ya nadie se atreverá siquiera a desafiar al AntiCristo, pero quiero que considere lo siguiente: La Biblia en ningún momento glorifica a Satanás de esa manera!


El verdadero énfasis del libro de Apocalipsis no se encuentra en el período de la Gran Tribulación, el cual será excepcionalmente difícil pero breve; el tema central de Apocalipsis es la consumación del plan de Dios para el mundo. Dios tiene un plan, y Su plan no dejará de llevarse a cabo! Así que no importa cuánto dolor y sufrimiento pueda causar el Anti-Mesías, nada es de compararse con la terrible expectación de juicio que habrá de producir en la Tierra la llegada del Gran Día del Señor. Acerca de este terrible Día, el profeta Isaías escribió:


Isaías 13:6-9 LBLA

Gemid, porque cerca está el día del Señor;

vendrá como destrucción del Todopoderoso.

Por tanto todas las manos se debilitarán,

el corazón de todo hombre desfallecerá, y se aterrarán;

dolores y angustias se apoderarán de ellos,

como mujer de parto se retorcerán;

se mirarán el uno al otro con asombro,

rostros en llamas serán sus rostros.

He aquí, el día del Señor viene,

cruel, con furia y ardiente ira,

para convertir en desolación la tierra

y exterminar de ella a sus pecadores.


¿Recuerdas cuando hablamos de los Dolores de Parto del Mesías y la Angustia de Jacob? Ambas frases se refieren a la época de intensa crisis que dará a luz a la Era Mesiánica. Durante este tiempo Dios permitirá que Israel sea probado para que pueda volverse al Mesías. Usted comprenderá que el momento más difícil de todo nacimiento es el alumbramiento mismo; pues bien, cuando el Mesías esté a las puertas y suene la Final Trompeta, que es Yom Teruah, las cosas se pondrán realmente feas en esa parte del mundo y se vivirán los días más decisivos de la Historia. El profeta Zacarías escribe:


Zacarías 13:8-9 RV60

Y acontecerá en toda la tierra, dice Jehová, que las dos terceras partes serán cortadas en ella, y se perderán; mas la tercera quedará en ella. Y meteré en el fuego a la tercera parte, y los fundiré como se funde la plata, y los probaré como se prueba el oro. Él invocará mi nombre, y yo le oiré, y diré: Pueblo mío; y él dirá: Jehová es mi Dios.


¿Por qué permitirá el Señor que Israel sea probado en el Día del Señor? La respuesta a esta pregunta tiene todo que ver con el contexto judicial del Gran Día de la Expiación. De acuerdo con las instrucciones que encontramos en Levítico, capítulo 16, en este sagrado día el Sacerdote tenía que lavar todo su cuerpo con agua limpia y vestir una túnica especial de lino blanco cada vez que entraba detrás del velo al Lugar Santísimo. La primera vez que el Sacerdote entraba, lo hacía llevando en su mano un incensario con brasas de fuego del altar y una cantidad de incienso aromático para quemar en él. Al hacer esto, el Sacerdote buscaba cubrir completamente el Propiciatorio (la tapa del Arca de la Alianza, símbolo del Trono de Dios) con una nube de humo perfumado y evitar así su propia muerte, tal como lo indica Levítico 16:13 JBS: Y pondrá el incienso sobre el fuego delante del SEÑOR, y la nube del incienso cubrirá el asiento de la reconciliación que está sobre el testimonio, y no morirá.


Es obvio que todo el Santuario, no sólamente el Lugar Santísimo, se llenaba del humo del incienso en ese día especial. La Escritura nos dice que, mientras el Sumo Sacerdote estaba adentro cumpliendo con sus funciones, todos los demás sacerdotes tenían que esperarlo afuera. Nadie más podía entrar en el Santuario hasta tanto él terminara de expiar su propio pecado, el de su casa y el de toda la congregación de Israel (v. 17).


Si sabemos esto, fácilmente podremos comprender algunas no tan obvias referencias a Yom Kippur en el Libro de Apocalipsis. Por ejemplo, la visión del Séptimo Sello en el capítulo 8, donde aparece un ángel con un incensario de oro: Y de la mano del ángel subió a la presencia de Dios el humo del incienso con las oraciones de los santos. Y el ángel tomó el incensario, y lo llenó del fuego del altar, y lo arrojó a la tierra; y hubo truenos, y voces, y relámpagos, y un terremoto (v. 4-5). Las oraciones de los santos aplacan la ira de Dios, pero a la vez desatan los terribles juicios de las Siete Trompetas y las Siete Copas. Ya para cuando llegamos al capítulo 15, antes de que las Siete Copas sean derramadas sobre la Tierra, leemos que el templo celestial se llenó de humo por la gloria de Dios, y por su poder; y nadie podía entrar en el templo hasta que se hubiesen cumplido las siete plagas de los siete ángeles (v. 8).


¿Por qué no podía entrar nadie al Templo de Dios en el cielo? Por la misma razón que nadie podía entrar al Santuario terrenal: En ese preciso período de tiempo la Corte Celestial está en sesión! Hay un proceso judicial que tiene lugar y la vida del Sumo Sacerdote está en juego. Una vez que el Propiciatorio ha sido cubierto con el humo del incienso, el Sacerdote tomaría la sangre del becerro para rociar con su dedo siete veces el costado oriental de la tapa del Arca. Esta ofrenda la hacía por sí mismo y por su casa, para expiar su propio pecado primero, pues de otra manera no podía interceder delante del Señor por toda la congregación de Israel.


Como resalta la Carta a los Hebreos, la Ley de Moisés designaba como sacerdotes a hombres débiles, sujetos al pecado, los cuales servían interminablemente en un Santuario terrenal. Aquel Santuario sólo era sombra y copia de lo que está arriba en el cielo; así que el verdadero Santuario y la verdadera expiación es la que sucedió en el Santuario Celestial, no hecho de manos humanas, al que nuestro perfecto Sumo Sacerdote, Jesús, entró de una vez y para siempre, llevando consigo la ofrenda infinitamente superior de Su propia sangre. El éxito de Su gestión como Sumo Sacerdote y Mediador de un Mejor Pacto y de mejores promesas, significa que Él removió definitivamente el obstáculo del pecado, perfeccionó a todos los que en Él confían, y se sentó a la derecha de la Majestad en las alturas, desde donde intercede por nosotros (Hebreos 7-10).


En este sentido, el apóstol Juan llamó a Jesús nuestro abogado (G4156) para con el Padre. La palabra griega que se traduce como 'abogado' aquí es parakletos, que designa a una persona que asume la defensa legal de otra, un asistente ó un intercesor. ¡Qué gran privilegio es saber que el Mesías no sólo se convirtió en la ofrenda perfecta por usted y por mí, sino que él vive para interceder por nosotros! Eso significa que no hay ninguna sombra de duda, temor ó desconfianza con respecto a nuestra salvación y justificación en aquel grande y terrible Día de la Ira de Dios, siempre y cuando permanecemos en él como escribió Juan en su primera epístola:


1 Juan 2:28 BLPH

En resumen, hijos míos, permanezcan unidos a Cristo, para que cuando se manifieste tengamos absoluta confianza, en lugar de sentirnos abochornados al ser apartados de él en el día de su gloriosa venida.


Cuando la Biblia dice que Jesús se sentó, implica que él ha dado por terminada la obra de la redención. Lo que es lo mismo, desde el punto de vista de arriba ya todo está hecho y el pecado ha sido quitado de en medio, pero desde el punto de vista de la Tierra todavía queda un Día de la Expiación escatológico en el que el pecado será removido. Este momento se encuentra profetizado en el libro de Zacarías, capítulo 3, verso 9, donde dice: Grabaré una inscripción en ella, dice el Señor de los Ejércitos Celestiales, y en un solo día quitaré los pecados de esta tierra.


En este capítulo encontramos un cuadro apocalíptico del Gran Día de la Ira visto desde el punto de vista del Tribunal Celestial:


Zacarías 3:1-2 NBLA

Entonces me mostró al sumo sacerdote Josué, que estaba delante del ángel del Señor; y Satanás estaba a su derecha para acusarlo. Y el ángel del Señor dijo a Satanás: «El Señor te reprenda, Satanás. Repréndate el Señor que ha escogido a Jerusalén. ¿No es este un tizón arrebatado del fuego?».


¿Quiénes son los personajes de esta trama celestial? En primer lugar tenemos a un Sumo Sacerdote llamado Josué, que significa Jehová es salvación. Este era el nombre del Sumo Sacerdote durante el ministerio profético de Zacarías. De acuerdo con la visión, Josué estaba de pie delante del ángel del Señor, el cual es una Teofanía (manifestación de la Divinidad). Esta frase en particular indica que Josué estaba ministrando al Señor en su función de Sumo Sacerdote, tal como lo habría hecho al entrar en el Lugar Santísimo en el día más sagrado del año, el Día de la Expiación.


Hasta aquí, todo suena bastante bien hasta que nos damos cuenta que, en la etapa de Josué, en realidad no existía un Templo físico en el que este pudiese ministrar. De hecho, para ese tiempo un grupo importante de judíos había recién regresado a su tierra desde el exilio babilónico. A pesar de tener que enfrentar la envidia y el desprecio de todos sus vecinos, el Remanente de Judá había logrado re-establecerse con éxito en la tierra prometida; sin embargo, el Santuario aún permanecía en ruinas. Entonces, el Señor envió palabra a los profetas Hageo y Zacarías para animar al pueblo y comisionar especialmente a Josué y a Zorobabel como líderes en la obra de reconstrucción del Templo.


El mensaje de Dios a Josué y Zorobabel se encuentra registrado en el libro del profeta Hageo: Hageo 1:2-5 NBLA

Así dice el Señor de los ejércitos:“Este pueblo dice: ‘No ha llegado el tiempo, el tiempo de que la casa del Señor sea reedificada’ (...) ¿Es acaso tiempo para que ustedes habiten en sus casas artesonadas mientras esta casa está desolada?"

Ahora pues, así dice el Señor de los ejércitos: ¡Consideren bien sus caminos!


Como puedes ver, el Señor no estaba muy satisfecho con la pasiva complacencia del Remanente de Judá en tiempos de Zacarías, y es que, desde el punto de vista de la Ley Mosaica, el pecado del pueblo permaneció sin expiar por varias décadas desde la destrucción del Primer Templo en el 587 a. C. Bueno, esto me hace pensar en la situación actual de Israel con respecto al proyecto de construcción de un Templo judío en la esplanada de las mezquitas en Jerusalén. Aunque el judaismo rabínico se ha inventado unas cuantas cositas a través de los siglos (como el sacrificio de miles de gallinas y gallos para quitar el pecado en Yom Kippur, ó la justificación a través de limosnas y buenas obras) la verdad salta a la vista: Sin Templo no hay expiación de pecado! Esto significa que el pueblo judío ha fracasado miserablemente en guardar la Ley Mosaica (propiamente hablando) y su pecado permanece sin expiar, por cuanto no ha tenido un Templo donde sacrificar por los últimos casi 2000 años de historia!


Volviendo a Zacarías 3, el Remanente de Judá que volvió del exilio tenía un problema espiritual bastante serio. Es por esa razón que Satanás aparece en escena, ocupando su lugar de acusador a la derecha del Sacerdote Josué. La frase hebrea ha-satan representa, no necesariamente el nombre propio de una entidad demoníaca, sino una función específica dentro de la Corte Celestial: La función del adversario.


La acusación de Satanás no era una queja infundada, ya que el verso 3 nos dice que Josué estaba vestido de ropas sucias. La traducción literal aquí sería mucho menos agradable, el hombre estaba cubierto de excremento. Este detalle contrasta fuertemente con la exigencia de Levítico 16 sobre las vestiduras del Sacerdote y la forma en que tenía que purificarse siempre antes de entrar al Lugar Santísimo. En la visión, Josué representa la condición espiritual en la que se encontraba el pueblo de Jerusalén, cubierto de pecado y toda clase de inmundicia. Debido a la prevalencia de este pecado, el Adversario podrá afligir al pueblo de Dios por un breve espacio de tiempo antes de que el Mesías aparezca.


¿Sabe una cosa? Me pregunto si este pasaje guarda alguna relación con la presencia de la Abominación Desoladora en el futuro Templo. ¿Qué le parece esa hipótesis? ¿Cree usted que la Abominación Desoladora tendrá algo que ver con el fuego de prueba que sacudirá a Israel en el Día del Señor? Déjeme su comentario al pie del estudio.


Afortunadamente, este pasaje del Antiguo Testamento también nos permite ver de qué manera el Señor intercede por los que son suyos, y cómo el Mesías defenderá al Remanente de su pueblo en Aquel Día: Y el ángel del Señor (llamado Jehová aquí) dijo a Satanás: «El Señor (Jehová) te reprenda, Satanás. Repréndate el Señor que ha escogido a Jerusalén (v.2). Observe cómo las palabras del verso 2 hacen alusión al fuego de la prueba que ha de experimentar Israel en el Gran Día de la Ira: ¿No es este un tizón arrebatado del fuego?».


Zacarías 3:4-5 NBLA

Y este habló, y dijo a los que estaban delante de él: «Quítenle las ropas sucias». Y a él le dijo: «Mira, he quitado de ti tu iniquidad y te vestiré con ropas de gala». Después dijo: «Que le pongan un turbante limpio en la cabeza». Y le pusieron un turbante limpio en la cabeza y le vistieron con ropas de gala; y el ángel del Señor estaba allí.


¡Qué hermosa figura de la gracia de Dios! Usted estará de acuerdo conmigo en que este Sacerdote nada pudo hacer para expiar el pecado del pueblo; sin embargo, él mismo fue revestido de una justicia ajena, la justicia de Cristo. La forma en que se describe esta investidura de justicia es como un costoso traje de gala con una mitra limpia. La mitra es símbolo de la rectitud y era el turbante real, considerado como una corona ó diadema en la cabeza del Sumo Sacerdote. ¿Recuerda la parábola del hijo pródigo, y cómo a su regreso el Padre lo hizo vestir con el mejor vestido, puso calzado en sus pies y anillo en su dedo? Al igual que el hijo pródigo, Israel será finalmente restituido en el propósito original de Dios cuando el Mesías aparezca.


Dios dijo que Israel sería un reino de sacerdotes, y Su plan se completará sin falta una vez que la transgresión sea quitada de en medio, pero ¿cómo sucederá esto? Adelantémonos hasta el verso 8:


Zacarías 3:8 NBLA

Escucha ahora, Josué, sumo sacerdote, tú y tus compañeros que se sientan ante ti, que son hombres de presagio (La NTV dice: Ustedes son símbolos de lo que está por venir) pues Yo voy a traer a Mi siervo, el Renuevo.

Porque la piedra que he puesto delante de Josué, sobre esta única piedra hay siete ojos. Yo grabaré una inscripción en ella”, declara el Señor de los ejércitos, “y quitaré la iniquidad de esta tierra en un solo día."


Quizá le sorprenda encontrar tanta profecía mesiánica en el libro de Zacarías, sin embargo, este es un libro esencialmente apocalíptico. Yo voy a traer a Mi siervo, el Renuevo se refiere al Mesías como descendiente de David y aquel que llegará para restaurar el reino de Israel y gobernar con justicia a las naciones. Como dijo el profeta: Un Retoño nuevo que dará fruto de la raíz vieja (11:1) La idea del Mesías como Retoño tiene todo que ver con el Día del Señor y el Remanente de Israel al inicio del Reino Milenial. Por ejemplo, Isaías escribió:


Isaías 4:2-4 NTV

Pero en aquel día, el retoño del Señor será hermoso y glorioso.

El fruto de la tierra será el orgullo y la gloria de todos los sobrevivientes de Israel.

Los que queden en Sion serán un pueblo santo, los que sobrevivan la destrucción de Jerusalén

y estén registrados entre los vivientes.

El Señor lavará la inmundicia de la hermosa Sion...


En aquel terrible Día, cuando el mérito humano resulte insuficiente para librar a Israel del juicio divino, el Señor lavará la inmundicia de Sión! El Señor vestirá a Sión con Su Justicia! El perfecto Sumo Sacerdote, que entró una vez y para siempre en el Santuario Celestial, será revelado al Remanente de Su pueblo.


El verso siguiente es probablemente el más misterioso y de oscura interpretación de todo el capítulo. Zacarías observa que una piedra ha sido puesta delante del Sumo Sacerdote Josué, una piedra con siete ojos ó siete facetas. A primera vista, pareciera que la imágen de la piedra no guarda relación alguna con la profecía sobre el Renuevo, pero al investigar el Hebreo pictográfico antiguo surge un detalle muy interesante: El término piedra se representaba dibujando una tienda (casa) seguida de una semilla brotada. En otras palabras, la esencia de la piedra en el pensamiento hebreo antiguo se puede interpretar como 'la continuidad de la casa'.


El renuevo y la piedra cumplen una misma función, ambos representan la continuidad de la Casa de David. Además, la piedra hace alusión al Hijo (dos palabras con una misma raiz) porque los hijos garantizan la continuidad de la familia, y son como las piedras que conforman un edificio. Seguramente recordará que la Escritura llama a Jesús la Piedra Principal. Una roca largamente desechada por los edificadores, piedra de tropiezo y roca de escándalo para Israel y para Judá (Isaías 8:14); sin embargo, en los últimos tiempos el Mesías se convertirá en la Piedra del Ángulo.


Isaías 28:16 NBLA

Por tanto, así dice el Señor Dios:

"Yo pongo por fundamento en Sión una piedra, una piedra probada,

Angular, preciosa, fundamental, bien colocada.

El que crea en ella no será perturbado."


El Mesías será una Roca de refugio para el Remanente de Israel, pero destruirá en Su Venida todos los reinos y poderes terrenales. Esto me recuerda el sueño de Nabucodonosor, una roca cortada de la montaña, aunque no por manos humanas, golpeó los pies de hierro y barro de la gran estatua y los hizo pedazos. Entonces la imponente imágen colapsó y se volvió como nada: las poderosas piernas de hierro, el vientre y los muslos de bronce, el pecho y los brazos de plata, hasta llegar a la fina cabeza de oro. Todo el sistema de este mundo dejará de ser y quedará olvidado; pero la piedra cortada creció hasta volverse un gran monte que cubrió toda la Tierra.


Por último, la piedra de Zacarías tenía una inscripción. Ese detalle nos lleva de vuelta al tema de las vestiduras sacerdotales. En el capítulo 28 del libro de Éxodo, leemos que el Sumo Sacerdote llevaba sobre sus hombros dos piedras de ónice sobre las cuales se hallaban grabados los nombres de las doce tribus. También las doce piedras preciosas del pectoral llevaban cada una el nombre de una de las tribus de Israel, así que el Sacerdote llevaba al pueblo literalmente sobre sus hombros y sobre su corazón cada vez que entraba para ministrar en Presencia del Señor.


Curiosamente el pectoral en su conjunto era conocido como el pectoral del juicio, era un instrumento de juicio y podía ser usado por el Sacerdote para administrar justicia, consultar al Señor y emitir un veredicto. Me gusta esta imágen del pectoral del juicio porque puedo ver en ella a Jesús, quien no conoció pecado, pero se hizo pecado por nosotros, para que fuéramos hechos justicia de Dios en Él (2 Corintios 2:21). Cuando Jesús fue a la cruz, su nombre y el mío estaban sobre sus hombros y sobre su corazón, así que encuentro en ello una cierta conexión con la misteriosa inscripción sobre la piedra de Zacarías 3. ¿Podría ser que la inscripción se trate de un nombre nuevo por el que se conocerá a Jerusalén en el futuro? (Isaías 62:2)


Otra posible interpretación es que la inscripción represente un veredicto positivo para la nación de Israel. En tiempos del Nuevo Testamento, cuando cualquier persona era acusada de un delito y quedaba absuelta, a menudo se le entregaba una piedrecita blanca como símbolo de inocencia (en contraste con una piedrecita negra para indicar culpabilidad). Esta parece ser la razón por la que el apóstol Juan le escribió de parte del Cristo glorificado a la iglesia de Pérgamo, diciendo: Al vencedor le daré del maná escondido y le daré una piedrecita blanca, y grabado en la piedrecita un nombre nuevo, el cual nadie conoce sino aquel que lo recibe (Apocalipsis 2:17 NBLA).


Cualquiera que sea el caso, se cumplirá la promesa de Zacarias 13:1 (NTV): En aquel día brotará un manantial para la dinastía de David y para el pueblo de Jerusalén; una fuente que los limpiará de todos sus pecados e impurezas.


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