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El Misterio de la Rueda

Actualizado: 29 abr 2023

¿Te ha pasado que has soñado con algún tipo de rueda u objeto giratorio? Quizá Dios ha estado llamando tu atención acerca de cosas que no puedes entender y te ha mostrado la imagen de algo que se mueve dando revoluciones, como un boomerang o un disco de lanzamiento. Bien, si esta idea no te parece demasiado descabellada, y sabes que El sigue hablando y haciendo cosas así, entonces me gustaría llevarte a través de un breve recorrido por las Sagradas Escrituras para descubrir parte del significado profético y simbólico de las ruedas en la Biblia. ¿Sigues aquí? Entonces, supongo que ya puedo decir: Bienvenido a bordo!


En el mundo físico, la rueda es un objeto mecánico circular, cuya función principal es la de girar alrededor de un eje. Considerada uno de los inventos más trascendentes de toda la historia de la humanidad, que condujo finalmente a la revolución industrial, cada rueda puede verse como una máquina simple, que a menudo forma parte de un mecanismo o maquinaria mayor y más compleja.


Usted estará de acuerdo conmigo en que la esencia de una rueda se encuentra en su capacidad de generar movimiento, pero no sólo de generarlo, sino también de transmitirlo. Aún recuerdo de mi niñez, una de esas revistas de trivias y juegos mentales, en la que figuraba un largo engranaje de ruedas y poleas conectadas a una pesa. El objetivo del acertijo era que el lector lograra deducir exactamente cómo el movimiento de cada rueda afectaría el sentido en que giraban las demás, y así determinar al final si la pesa estaba subiendo o bajando.


En la antigüedad, y específicamente en las tierras bíblicas, la rueda se utilizó en labores cotidianas y oficios comunes como la alfarería, hasta que su uso se volvió indispensable para la transportación de personas y bienes. Tan pronto como en el libro de Génesis, la Escritura menciona los carros de Faraón transportando a Jacob y su familia hasta la tierra de Egipto, los mismos carros que unos capítulos más tarde, durante la historia del Éxodo, quedaron hundidos por el poder de Dios en el Mar Rojo.


Lo cierto es que la rueda llegó a verse como un símbolo inequívoco de la superioridad tecnológica y el poder militar de los más temibles ejércitos. Por ejemplo, cuando el profeta Ezequiel advirtió sobre el avance implacable de los ejércitos Asirio y Babilonio sobre Israel y Judá respectivamente, él dijo: Vendrán contra ti carros, carretas y ruedas, y multitud de pueblos (Ezequiel 23:24); con el estruendo de su caballería y de las ruedas y de los carros, temblarán tus muros (26:10). También el profeta Nahúm describe la destrucción de Nínive al intimidante sonido de las ruedas de los carros de guerra: Chasquido de látigos, fragor de ruedas, galope de caballos, estridencia de carruajes (Nahúm 3:2 RVC).


Una nota interesante es que las ruedas formaron parte del diseño original del Templo de Salomón, donde se construyeron diez lavatorios, apoyados sobre diez bases móviles, y cada base estaba soportada por cuatro ruedas de bronce, con ejes de bronce (1 Reyes 7:30). La función de estas bases era la de transportar el agua desde una enorme fuente circular de metal fundido, que se utilizaba para la purificación de los sacerdotes en el atrio.


Bien, tomemos un momento para recapitular. Hasta este punto hemos dicho que las ruedas nos hablan de movimiento, empuje, soporte, poder y avance; pero aún más allá de la esfera física o natural, la Biblia habla de ruedas en la esfera sobrenatural, y la mayor parte de estas referencias se encuentran en el libro del profeta Ezequiel. Quizá te interese saber que este libro contiene 16 menciones de ruedas en la versión RV60, en comparación con sólo 3 menciones en el libro del profeta Isaías ó el primer libro de los Reyes. En general, pareciera que Ezequiel ve ruedas en todas partes, y particularmente las ve en conexión con la gloria manifiesta de Jehová, pero tal vez deberíamos preguntarnos por qué.


Una explicación lógica sería pensar que el profeta estaba literalmente rodeado de ruedas. Es decir, sabemos que Ezequiel profetizó desde el exilio en Babilonia, y que fueron los sumerios quienes inventaron la rueda alrededor del año 4000 al 3500 a.C. No hay duda de que los babilonios fueron los primeros en heredar esa tecnología antigua, imprimiéndole un significado práctico, pero también espiritual y místico. Esto me recuerda la manera en la que Dios nos habla: De modo que podamos entenderlo! El utilizará figuras y situaciones de la vida cotidiana para revelarnos profundas verdades espirituales. A propósito, esta también es la manera como Jesús enseñaba sobre el Reino, utilizando imágenes y ejemplos con los que su audiencia pudiera identificarse fácilmente.


Amo la manera como Dios me habla a mí. El sabe que amo los acertijos y el lenguaje simbólico; así que El me habla a través de sueños e impresiones espirituales cargados de simbolismo profético. Difícilmente habrá algo que yo no tenga que desentrañar al más puro estilo Sherlock Holmes o Indiana Jones. Lo positivo de mi experiencia es que nunca puedo decir que he llegado a la conclusión definitiva de un asunto. Dicho de otra forma, siempre hay más por descubrir hacia adelante, nuevas posibilidades, nuevas dimensiones y aristas de un mismo tema. Si usted es alguien que no cree en esta clase de revelación por sueños o impresiones, o si no está dispuesto a invertir tiempo y energía en una investigación bíblica como esta, entonces Dios no le hablará como a mí. El le hablará de un modo que usted pueda asimilar, entender y obedecer, y eso es grandioso!


Dios le habló al profeta Ezequiel de modo que él pudiese entender. De hecho, ambos profetas del exilio, Ezequiel y Daniel, vieron la manifestación de la gloria de Dios en la forma de un inmenso carro de fuego, transportado por cuatro aterradoras ruedas vivientes (Véase también Daniel 7:9). La manera como se describen estas ruedas en el primer capítulo del libro de Ezequiel, es como piedras preciosas de un color amarillo o dorado resplandeciente, que daban la apariencia de rueda en medio de rueda. También se nos dice que sus enormes y aterradores arcos estaban llenos de ojos, y se movían en perfecta coordinación con cuatro extrañas criaturas celestiales, llamados querubines más adelante en el capítulo 10.


Ezequiel 1:17 y 19 LBLA

Cuando andaban, se movían en las cuatro direcciones, sin volverse cuando andaban.

Y cuando los seres vivientes andaban, las ruedas se movían con ellos. Y cuando los seres vivientes se levantaban de la tierra, las ruedas también se levantaban.


La expresión rueda en medio de rueda, probablemente se refiere a la forma de esferas en movimiento, o a que una rueda aparecía colocada transversalmente dentro de la otra, para que pudieran trasladarse ininterrumpidamente en cualquier dirección. A semejanza del mundo natural, las ruedas del trono de Dios parecen tener una relación directa con el rápido y constante movimiento de los querubines, que iban y venían como relámpagos (v. 14); sin embargo, el escritor deja claro que las ruedas no eran las que movían a los querubines, sino el espíritu:


v. 20-21

Y adondequiera que iba el espíritu, iban ellos en esa dirección. Y las ruedas se levantaban juntamente con ellos; porque el espíritu de los seres vivientes estaba en las ruedas. Cuando ellos andaban, andaban ellas, y cuando ellos se detenían, se detenían ellas. Y cuando ellos se levantaban de la tierra, las ruedas se levantaban juntamente con ellos, porque el espíritu de los seres vivientes estaba en las ruedas.


Es difícil imaginar exactamente lo que el profeta estaba viendo, ya que el término original que se traduce como espíritu puede significar viento, aliento, ó inclusive disposición (una manera de pensar y actuar). Al indicar que el espíritu de los seres vivientes estaba también en las ruedas, el profeta resalta la conexión que había entre ambos, pero también se nos dice que el espíritu movía a los seres vivientes en una u otra dirección (v. 12 y 20). Debido al contexto de este pasaje, parece lógico pensar que este espíritu no es otro que el Espíritu de Dios, el Soplo del Altísimo, quien constantemente redireccionaba las criaturas y sus gigantescas ruedas, produciendo movimiento y una gran descarga de energía.


Esta explicación está muy a tono con lo que la Escritura dice de la naturaleza del Espíritu Santo, el cual se nos presenta por primera vez en Génesis 1:2 como Aquel que se movía sobre la superficie de las aguas. Estudiosos de la Biblia explican que este movimiento debe interpretarse como una especie de caricia, como si el Espíritu estuviese incubando la vida al principio de la creación. En efecto, el Espíritu es el santo incubador de todas las cosas. El es quien trae a la existencia cada propósito, cada palabra y designio de Dios en el Universo.


El hecho de que el Espíritu de Dios moviese los querubines y sus ruedas vivientes, indica que Dios estaba obrando Su Propósito en la vida y el destino de Su pueblo. Más allá de las circunstancias presentes y el dolor del exilio, algo se estaba cocinando en la esfera sobrenatural. La presencia de ojos a lo largo y ancho de los enormes y aterradores arcos en movimiento, nos habla de la Providencia Divina (la forma como Dios sostiene el Universo) y de Su capacidad para estar en todas partes, así como para ver y conocer todas las cosas al mismo tiempo.


En este punto deberíamos preguntarnos: ¿Por qué tendría Dios que revelarse al profeta Ezequiel de esta extraña manera? Sabemos que Ezequiel descendía de una familia sacerdotal y había crecido alrededor del servicio en el Templo de Jerusalén. Para él, el Lugar Santísimo, y más concretamente el propiciatorio que cubría el Arca del Pacto, era el único sitio designado desde el principio para contener la manifestación de la gloria de Dios en la Tierra. Sin embargo, ahí estaba frente a sus ojos, la misma gloria del Eterno manifestada en la forma de un inmenso carro de fuego! El Trono del Dios Altísimo sobre las alas de los querubines, viajando sobre las temibles ruedas llenas de ojos, habitando en medio de los exiliados de Su pueblo, en una tierra extranjera, idólatra y hostil!


La rueda nos recuerda que Dios está en control de las circunstancias y Él no fallará en llevar a cabo Su Plan en nosotros y a través nuestro. Parte del mensaje profético de Ezequiel era este: A causa del pecado de Judá, la gloria de Dios terminará por abandonar el edificio del Templo. Por una temporada, Dios traerá juicio sobre Jerusalén y el Santuario quedará desolado, pero ese no será el final. El tiempo llegará cuando todas las cosas sean finalmente restauradas, cuando todo Israel vuelva a ser un solo pueblo en posesión de la tierra, y sus enemigos queden totalmente destruidos. En ese momento, la Presencia Divina volverá a llenar el Templo, y Su Trono será establecido en medio de Su gente para siempre.


No importa cuales sean las circunstancias presentes, podemos tener la confianza de que Él cumplirá Sus promesas y velará sobre Su Palabra para traer cumplimiento. Los propósitos de Dios jamás quedarán frustrados. Él dijo: Ciertamente se hará de la manera que lo he pensado, y será confirmado como lo he determinado (Isaías 14:24). Y también: Yo anuncio el fin desde el principio; desde los tiempos antiguos, lo que va a suceder. Yo digo: Mi propósito se cumplirá, y haré todo lo que deseo (Isaías 46:10 CST). Él es el Dios que castiga la maldad y el pecado, pero también es Aquel que levanta, restaura y recompensa a quienes le aman y obedecen. En un momento Él traerá corrección, pero al siguiente Su misericordia y gracia le envolverán.


Una última cosa sobre el simbolismo profético de la rueda tiene que ver con los términos hebreos originales ophan (H212) y galgal (H1534), ambos relacionados con la idea de dar revoluciones o moverse en círculos. Mientras escribo este estudio, hay una palabra que el Espíritu Santo está trayendo a mi mente y es la palabra aceleración. La aceleración implica movimiento, pero también avance. Literalmente, la aceleración es mayor avance (distancia) en menor tiempo. Una rueda que permanece en reposo es una especie de potencial dormido, un poder contenido que espera para manifestarse en el tiempo futuro, pero cuando una rueda es puesta en acción, esta transmitirá movimiento, y cuanto más rápido revolucione (en sentido general) mayor será el avance en un cada vez menor intervalo de tiempo.


Dios quiere que entendamos que hay un momento justo para cada cosa en nuestras vidas (Eclesiastés 3:1), y por lo tanto, hay un tiempo para permanecer en reposo y otro para avanzar. Definitivamente, habrá momentos cuando sentiremos que no podemos hacer mucho más en cuanto a nuestro propósito, y otros en los que él mismo nos lanzará abajo desde una altura considerable, y a lo largo de una ranfla empinada. ¿Comprende lo que quiero decir? Dios va a traer temporadas de gran aceleración a nuestras vidas, temporadas de un avance inimaginable, y será en esas temporadas que lograremos llegar mucho más lejos y veremos mayor resultado en el menor tiempo.


Dios llenó su creación de ciclos; este es el principio del cambio. La gente dice que la vida es como una rueda: A veces estás arriba y a veces estás abajo. Bien, vamos a sacar lo mejor de esta ilustración. En todo caso, eso significa que ninguna circunstancia puede verse como una estación permanente. Cuando estamos arriba, en reposo, estamos a punto de entrar en una temporada de aceleración divina; cuando estamos abajo, en plena acción, Dios permitirá que vivamos una temporada de desaceleración a fin de prepararnos para el próximo gran lanzamiento. No importa cuánto tiempo demore o cuánta paciencia requiera, el cambio siempre estará esperándonos hacia adelante. Cualquiera que sea nuestra temporada presente, somos llamados a perseverar y confiar en los tiempos de Dios, cuando él traerá cumplimiento a cada una de sus promesas.


Estimado oyente, qué te ha parecido este viaje? Yo soy Ivonne Montejo, de Letra y Espíritu, y me gustaría escuchar de ti. Escríbeme y cuéntame tu sueño o tu impresión espiritual con ruedas. ¿Cómo te ha ayudado esta reflexión a discernir su significado? Y recuerda, eleva el nivel de tu expectativa y no te rindas nunca. Sólo asegúrate de estar en el camino correcto, manteniendo la actitud correcta, y escucha Su voz decir: Yo, el Señor, a su tiempo lo apresuraré (Isaías 60:22 LBLA).



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