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Mayor Justicia (Parte 2)

Actualizado: 2 abr 2022

Porque les digo a ustedes que si su justicia no supera la de los escribas y fariseos, no entrarán en el reino de los cielos.

Mateo 5:20 RVR60

A menudo escuchamos que el apóstol Pablo enseñó que cuando estamos en Cristo ya no tenemos que obedecer la ley de Moisés, pues el tratar de hacerlo sería renunciar a la gracia de Dios para perseguir nuestra propia justicia personal. Aunque este sea uno de los más conocidos y discutidos argumentos en ciertas esferas cristianas, deberíamos entender que la intención del apóstol nunca fue la de desechar la Ley de Dios a favor de la intuición espiritual del cristiano, como algunos creen.


La verdad es que Pablo fue quien por primera vez rompió con los prejuicios raciales y culturales de su época para llevar el evangelio directamente a las audiencias gentiles del primer siglo. Por supuesto, su objetivo inicial era el de alcanzar a las tribus perdidas de Israel (tribus mezcladas con naciones gentiles) y los judíos que vivían en la diáspora (fuera de su territorio, en las regiones de Asia y Europa), pero a causa de la terrible persecusión y rechazo que experimentó de parte de las autoridades religiosas judías en todas las ciudades que visitaba, Pablo entendió que Dios lo estaba empujando más allá de las comunidades judías, a las comunidades de origen gentil sin vínculo alguno con el judaismo. Lo próximo que sabemos sobre el ministerio de Pablo es que tuvo que enfrentarse a la disyuntiva de judaizar ó no judaizar a los nuevos conversos gentiles. No porque él mismo lo consideraba necesario, sino a causa de la enorme presión que recibiría de parte de algunos en la comunidad judeo-cristiana (por llamarle de alguna manera, hoy serían los judíos mesiánicos) y sus líderes, que a menudo nombramos los judaizantes.


La historia cuenta que estos elementos judaizantes comenzaron a importunar las nuevas congregaciones gentiles establecidas por Pablo y sus compañeros en sus viajes misioneros, para obligarles a adoptar la fe judía como prerequisito para ser considerados verdaderos seguidores de Cristo, el Mesías judío. Obviamente, en este punto el apóstol Pablo tuvo que apelar a una decisión final por parte de los líderes de la iglesia en Jerusalén, y a partir de esta decisión y de la revelación personal que él mismo había recibido del Señor, desarrollar una fuerte defensa doctrinal donde establecía que los creyentes gentiles no necesitaban convertirse primeramente al judaismo para venir a Cristo, sino que podían venir a Cristo directamente, sin necesidad de adoptar las leyes y costumbres religiosas de los judíos.


Lo que Pablo nunca hizo, pese a lo que mucha gente erróneamente cree, fue restarle importancia ó validez a la Ley de Dios, es decir, al conjunto de principios, instrucciones, y estatutos que conforman, por decirlo de alguna manera, el corazón de la Ley. De haberlo hecho, él estaría contradiciendo directamente las enseñanzas de Jesús, cuando dijo:


Mateo 5:17-20

No piensen que he venido para poner fin a la ley o a los profetas; no he venido para poner fin, sino para cumplir. Porque en verdad les digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, no se perderá ni la letra más pequeña ni una tilde de la ley hasta que toda se cumpla.

Cualquiera, pues, que anule uno solo de estos mandamientos, aun de los más pequeños, y así lo enseñe a otros, será llamado muy pequeño en el reino de los cielos; pero cualquiera que los guarde y los enseñe, este será llamado grande en el reino de los cielos. Porque les digo a ustedes que si su justicia no supera la de los escribas y fariseos, no entrarán en el reino de los cielos.

Si hemos entendido bien, Jesús mismo instruyó a sus discípulos acerca de una mayor justicia, es decir, superior a la de los escribas y fariseos religiosos de su tiempo. Vale aclarar que los fariseos eran los judíos ultra-ortodoxos del primer siglo, gente sumamente estricta e inflexible a la hora de interpretar y poner en práctica la Ley de Moisés, pero no sólamente la Ley escrita, sino fundamentalmente la Ley oral.


La Ley Oral ó Tradición Oral, como también se le conoce, es considerada en círculos religiosos como la interpretación oficial de la Ley Escrita contenida en los cuatro primeros libros de la Biblia. Aunque se dice que estas instrucciones adicionales fueron inicialmente recibidas por Moisés, a la par del texto sagrado, y transmitidas de manera oral a fin de completar y explicar este último, lo cierto es que este compendio de tradición rabínica y ordenanzas rituales muy específicas, se fue acumulando a través de los años a manera de único comentario autorizado de la Sagrada Escritura, y ya para el tiempo de Jesús se había convertido en el principal foco de atención del judaismo más conservador (incluyendo a los fariseos), aún por encima de la Ley Escrita (Torah).


En sentido general, la Ley Oral (segunda ley) se consideraba inseparable del texto sagrado y había tomado el lugar de la Ley Mosaica / Ley Escrita / Torah (como hasta hoy sucede en el judaismo moderno), convirtiéndose en una pesada carga para aquellos que profesaban sincera devoción hacia Dios, pero que difícilmente podían cumplir con los cuentos y cientos de minuciosos requerimientos rituales y ceremoniales establecidos por esta. Al tiempo presente, la Ley Oral (lo que queda de ella) se encuentra registrada por escrito en el Talmud, y constituye una de las razones fundamentales por las que los judíos religiosos no se atreven a estudiar e interpretar directamente las Sagradas Escrituras, sino que dependen para su estudio e interpretación de un montón de comentarios, y comentarios de comentarios, considerados tan a más valiosos que la propia Toráh, la cual conduce naturalmente a Cristo, como dice Juan 5:39 RVA15: Escudriñen (original imperativo) las Escrituras, porque (...) ellas son las que dan testimonio de mí.


Como cristianos de procedencia gentil, a menudo mal-interpretamos que Jesús criticó a las autoridades religiosas de su tiempo por su hipocresía y su exagerada obediencia de la Ley Mosaica (Torah), pero si analizamos más a fondo las palabras del Maestro ¿Se opuso Jesús realmente a la observancia de la Ley Mosaica, ó a la observancia de la tradición oral por encima de la Ley de Dios? Veamos.


Los Evangelios recogen varias ocasiones en las que Jesús confrontó a los fariseos por su apego a la tradición oral en detrimento de la Ley Escrita. Por ejemplo, en el evangelio de Mateo, capítulo 15, leemos:


Mateo 15:1-20 RVR60

Entonces se acercaron a Jesús ciertos escribas y fariseos de Jerusalén, diciendo: ¿Por qué tus discípulos quebrantan la tradición de los ancianos? Porque no se lavan las manos cuando comen pan.


En este pasaje, la frase tradición de los ancianos se refiere a la Ley Oral que ya hemos mencionado, la cual no tenía al momento una expresión escrita hasta que en el año 200 después de Cristo, se recogió por escrito en lo que hoy se conoce como la Mishnah ó el Talmud judío. Es cierto que la Ley de Moisés habla de ciertos lavamientos rituales, pero no especifica que una persona común tenía necesariamente que lavarse antes de comer pan común. Si vamos al pasaje paralelo de Marcos 7:1-23, vamos a encontrar que el autor especifica un gran número de lavamientos específicos preescritos por la tradición de los ancianos, es decir, por la Ley Oral.


Marcos 7: 1-4 RVR60

Se juntaron a Jesús los fariseos, y algunos de los escribas, que habían venido de Jerusalén; los cuales, viendo a algunos de los discípulos de Jesús comer pan con manos inmundas, esto es, no lavadas, los condenaban.

Porque los fariseos y todos los judíos, aferrándose a la tradición de los ancianos, si muchas veces no se lavan las manos, no comen. Y volviendo de la plaza, si no se lavan, no comen. Y otras muchas cosas hay que tomaron para guardar, como los lavamientos de los vasos de beber, y de los jarros, y de los utensilios de metal, y de los lechos.

¿Cómo respondió Jesús a la pregunta de los fariseos sobre los lavamientos rituales establecidos por la tradición, los cuales sus discípulos no estaban observando (obedeciendo)?


v. 3-6 (RVC)

Él les respondió: «¿Por qué también ustedes quebrantan el mandamiento de Dios por causa de su tradición?

Porque Dios dijo: “Honra a tu padre y a tu madre”; también: “El que maldiga al padre o a la madre, morirá irremisiblemente.”Pero ustedes dicen: “Cualquiera que diga a su padre o a su madre: ‘Todo aquello con lo que podría ayudarte es mi ofrenda a Dios’, ya no tiene que honrar a su padre o a su madre”. Y así, por la tradición de ustedes, invalidan el mandamiento de Dios.


Hagamos una pausa aquí para resaltar la manera como Jesús acusó a las autoridades religiosas de manipular la Ley de Moisés a través de la tradición oral, para lograr un beneficio personal. Y es que la Ley Escrita claramente establecía que todo hijo estaba obligado a honrar a sus padres (Éxodo 20:12 y Deuteronomio 5:16) parte de lo cual consistía en proveer para ellos durante los años difíciles de la vejez. El respeto que la Ley Mosaica otorgaba a los padres era tal que autorizaba la pena máxima para aquellos hijos que deliveradamente maldijeran, deshonraran ó faltaran a su obligación con sus padres (Éxodo 21:17 y Levítico 20:9).


A diferencia de la Ley Escrita, la tradición oral hacía posible que una persona enteramente dedicada a la religión judía, pudiera evadir sus responsabilidades de hijo al comprometerse con un voto irrevocable. En este caso, los padres de este individuo religioso devoto tenían que contentarse con saber que su hijo estaba dedicado a Dios con todos sus bienes y propiedades, considerándolo el mayor honor y por lo tanto, no esperar ningún respaldo material de él. El argumento de Jesús es que las autoridades religiosas continuamente fallaban en su interpretación de la Ley Escrita, pues pasaban por alto la intención original de Dios, que es el corazón (ó el espíritu) de la Ley. Refiriéndose a la tradición oral, el Señor la llamó mandamientos de hombres, y citó al profeta Isaías, cuando dijo:


v. 8-9

Isaías 29:13 RVR60

Porque este pueblo se acerca a mí con su boca, y con sus labios me honra, pero su corazón está lejos de mí, y su temor de mí no es más que un mandamiento de hombres que les ha sido enseñado...


¿Crees que Jesús pudo haber llamado mandamiento de hombres a la Ley de Dios? Claro que no! Él hizo una clara distinción entre lo que vino de Dios y lo que no vino de Dios originalmente. En lugar de desechar los mandamientos de Dios, Jesús nos enseñó a reinterpretar la Ley para extraer de ella lo que realmente agrada al Padre y refleja Su corazón. De nada vale que usted y yo estemos dispuestos a judaizar, si no podemos llegar a un mayor entendimiento de la voluntad de Dios para nuestras vidas. Jesús dijo que los fariseos eran como sepulcros blanqueados, tenían una apariencia de piedad y formalidad que a menudo podía confundir a la gente, pero por dentro estaban llenos de robo y maldad. Lo cierto es que los fariseos habían fracasado aún en su interpretación de la Ley, como lo demuestra el siguiente ejemplo:


Lucas 11:42 NVI

¡Ay de ustedes, fariseos!, que dan la décima parte de la menta, de la ruda y de toda clase de legumbres, pero descuidan la justicia y el amor de Dios. Debían haber practicado esto, sin dejar de hacer aquello.


Justo, este pasaje toca el tema del diezmo, que es un tema muy sensible. Los fariseos eran extremadamente cuidadosos a la hora de separar el diezmo de sus cultivos según lo establecido por la Ley Mosaica. Levítico 27:30 dice: Así pues, todo el diezmo de la tierra, de la semilla de la tierra o del fruto del árbol, es del Señor; es cosa consagrada al Señor (LBLA). De manera que ellos estaban obedeciendo los mandamientos de Dios al separar la décima parte de sus cosechas para traerlas al Templo cada año, y al hacerlo, eran meticulosos en sus cálculos para que no faltara nada, aún de las especias más insignificantes, como la menta y la ruda. Entonces, ¿por qué los criticó Jesús?


Bien, el verso que acabamos de leer en Lucas 11 nos da una pista cuando dice que ellos descuidaban la justicia y el amor de Dios. Para comprender lo que los fariseos hacían mal, tenemos que recordar exactamente para qué se utilizaba el diezmo. El primer uso del diezmo era para comerlo en presencia del Señor cada año (Deuteronomio 14:23). Claro que la mayor parte de lo que se traía a la casa de Dios no podría consumirse durante esta gran celebración, así que todo lo demás era destinado al mantenimiento del Templo y de los levitas.


Los levitas eran una tribu especial, cuya única función era estar al cuidado del Templo y de las cosas sagradas. Ellos estaban totalmente dedicados al servicio de Dios, y tenían que cumplir con un gran número de obligaciones religiosas, por lo que no se les permitía llevar una vida común como los demás israelitas. Desde el principio de la conquista de Canaán, los levitas fueron la única tribu que no recibió ninguna tierra en propiedad, por esta razón no tenían propiedades, ni negocios propios, y se les consideraba un grupo crítico, cuyo mantenimiento dependía enteramente de los diezmos y ofrendas de las otras tribus (Números 18:21-28).


Juntamente con los levitas, habían otros grupos críticos a quienes la sociedad destinaba parte de los diezmos. En este grupo estaban los desposeídos ó forasteros, los huérfanos, y las viudas. El diezmo de cada tercer y sexto año se destinaba a la beneficencia, y se administraba de manera local, según leemos en Deuteronomio 14:28-29.


Deuteronomio 14:28-29 LBLA

Al fin de cada tercer año, sacarás todo el diezmo de tus productos de aquel año y lo depositarás en tus ciudades. Y vendrá el levita, que no tiene parte ni herencia contigo, y el forastero, el huérfano y la viuda que habitan en tus ciudades, y comerán y se saciarán, para que el Señor tu Dios te bendiga en toda obra que tu mano haga.


Es posible que los escribas y fariseos, cuyas limosnas eran sólo cuestión de apariencia y buena reputación, estuvieran descuidando esta importante parte de la Ley que describe Deuteronomio 14, sólo porque no les representara una gran oportunidad para practicar su generosidad delante de los hombres (Mateo 6:1); sin embargo para Jesús, el corazón de Dios, en este caso, no era otro que el amor y la justicia social a travéz del mandamiento del diezmo.


Aplicación práctica:

Estimado oyente/lector, al final de este estudio me gustaría preguntarte: ¿Crees que la Ley de Dios es letra, ó crees que es Espíritu? Espero que tu respuesta haya sido: Ambos! Es letra y también Espíritu. Antes de que la Ley fuese impresa en tablas de piedra, fue viento en el soplo del Todopoderoso. Jesús dijo: Las palabras que Yo les he hablado son espíritu y son vida (Juan 6:63).


De la misma manera que los fariseos obedecían la Ley en su forma externa (letra), pero pasaban por alto el corazón de Dios revelado a través del mandamiento (espíritu), así también nosotros podemos sentirnos tentados a interpretar la Ley a la manera del Antiguo Pacto, y no a la manera del Nuevo Pacto, en la jurisdicción del Espíritu Santo, en la que somos llamados y capacitados sobrenaturalmente para practicar una mayor justicia que la de los escribas y fariseos. Como dijo el Señor por el profeta Jeremías:


Jeremías 31:33-34 DHH


Ésta será la alianza que haré con Israel en aquel tiempo: Pondré mi ley (Toráh) en su corazón y la escribiré en su mente. Yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo. Yo, el Señor, lo afirmo.

Ya no será necesario que unos a otros, amigos y parientes, tengan que instruirse para que me conozcan, porque todos, desde el más grande hasta el más pequeño, me conocerán.


¿Está la Ley de Dios escrita en tu corazón?

Pidamos al Señor que traiga un mayor entendimiento por el Espíritu de Dios, para que podamos agradarle.

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